La laurisilva de La Gomera no solo es un espacio precioso para los turistas, alberga una enorme variedad de especies locales y es vital para el suministro de agua de la isla. Y el personal del Parque Nacional de Garajonay realiza, en gran medida de forma desconocida, un enorme esfuerzo para conservar este bosque y sus especies.

Además de otras muchas actividades, el Parque Nacional de Garajonay lleva a cabo un amplio programa de protección de especies. A partir de un representante muy característico de la flora forestal, me gustaría intentar poner de relieve el esfuerzo que se realiza y su enorme valor. Escribo «intentar» porque es muy complicado hacerse una idea real del compromiso personal, el tiempo, el esfuerzo organizativo y el gasto económico que supone un proyecto concreto de protección de especies. Para este artículo, utilizo las conferencias disponibles en Internet del antiguo director Ángel Fernández y del personal actual, así como las experiencias personales que he podido acumular trabajando con una especie protegida en 2025.
Para poder comprender el rendimiento real del personal, hay que tener en cuenta que en el parque nacional no solo se llevan a cabo muchos proyectos de protección de plantas, sino también, entre otros, proyectos con análisis y cuidado exhaustivos de determinados hábitats, fauna y flora protegidas, gestión de especies exóticas (plantas como Tradescantia fluminensis y animales como ovejas), proyectos de educación ambiental, cambio climático, riesgo de incendios y restauración, etc.
En cualquier caso, la dimensión de todos estos aspectos, en la medida en que puedo evaluarla, me ha impresionado mucho.

Euphorbia mellifera
La adelfa del monte de las Canarias y Madeira es una planta forestal muy rara, un árbol que crece hasta 10 m de altura. Crece especialmente bien en las cuencas húmedas y escarpadas de la vertiente norte de las islas occidentales, que están frecuentemente bajo la influencia de la niebla, pero que también reciben suficiente luz. Esta mezcla de factores se observa sobre todo en laderas empinadas con cambios frecuentes en el estrato más alto. Así, los cuatro hábitats naturales son de difícil acceso y no se han descubierto hasta los últimos 40 años.
Encima, las localidades de La Gomera, muy alejadas entre sí, albergan en dos casos solo 6 y 10 individuos, respectivamente. De tal forma que un deslizamiento de tierra podría hacer desaparecer toda una subpoblación. En 2005 se encontraron 70 plantas en los hábitats naturales de La Gomera, 120 en La Palma y 16 en Tenerife. La gran distancia entre los distintos lugares dificulta la posibilidad de una fertilización natural entre ellos, lo que a la larga provocaría un empobrecimiento genético y una baja capacidad de supervivencia. Por lo tanto, la especie figura como «en peligro de extinción» tanto en el catálogo español como en el canario de especies protegidas.

Para mejorar la situación, hay que buscarse la vida para conseguir la información necesaria en el entorno natural, ya que no hay ningún jardinero que pueda transmitirnos sus conocimientos: altitud, precipitaciones y temperatura óptimas, características del suelo, sombreado, variedad de especies…
A continuación, hay que recolectar semillas, crear jardines, cultivar las plantas jóvenes y trasladarlas poco a poco al terreno. En algunos lugares naturales, primero se plantaron ejemplares en las inmediaciones para favorecer su crecimiento y, finalmente, se crearon plantaciones en más de 40 lugares bien seleccionados, que se controlaron continuamente y, en caso necesario, se mejoraron un poco. Evidentemente, la estrategia tuvo éxito:
En 2025 contamos 1101 ejemplares. Los cambios son enormes: en muchos lugares pudimos observar flores y frutos, y en varias plantaciones ya hay plantas jóvenes procedentes de la reproducción natural. En 20 años, el personal del parque nacional ha multiplicado por nueve el número de plantas, lo que ha aumentado enormemente las posibilidades de que esta especie continúe existiendo.
¡Me quito el sombrero!


